Kim
Una de las actividades con nombre curioso son los llamados juegos de Kim.
Su origen está en Kim (o Kim de la India), una novela de Rudyard Kipling, el mismo autor de El libro de las tierras vírgenes. Baden-Powell tomó al personaje de Kim como ejemplo de algunas cualidades que consideraba muy importantes para un scout.
Kim, cuyo nombre completo era Kimbal O’Hara, era un muchacho huérfano, hijo de un sargento irlandés destinado en la India, que había crecido entre la población local y conocía muy bien sus lenguas, costumbres y caminos. Esa capacidad para moverse entre distintos mundos, comprender a las personas y fijarse en lo que otros no veían lo convertía, para Baden-Powell, en un modelo de muchacho atento, despierto y útil.
Uno de los episodios más conocidos es el entrenamiento que Kim recibe de Lurgan, un comerciante de joyas y antigüedades. Lurgan coloca ante él una bandeja con distintas piedras y objetos, se los deja mirar durante un tiempo muy breve, los tapa después con un pañuelo y le pide que diga cuántos había, cómo eran y qué detalles recordaba. Al principio Kim falla bastante, pero, con práctica, aprende a observar mejor y a retener cada vez más información. De ahí nacen los llamados juegos de Kim.
En el escultismo, estos juegos son una forma de aprender jugando. Pueden hacerse con objetos, sonidos, olores, sabores o texturas. Se mira una mesa durante un minuto y luego se intenta recordar qué había; se escuchan varios sonidos y se trata de identificarlos; se huelen distintas plantas o especias; se palpan objetos dentro de una bolsa sin verlos.
Detrás de este juego hay una idea educativa muy importante: aprender a mirar el mundo con atención. Un scout no pasa por la naturaleza, por la ciudad o por la vida diaria como quien no ve nada. Aprende a fijarse en una huella, en una nube, en una rama rota, en una mochila mal cerrada, en un compañero que está más callado de lo habitual o en una situación en la que alguien necesita ayuda.
Por eso los juegos de Kim desarrollan mucho más que la memoria. Trabajan la concentración, la paciencia, los sentidos, la observación, la curiosidad y el autocontrol.
Además, estos juegos encajan perfectamente con una de las intuiciones más características de Baden-Powell: el escultismo no consiste en dar largas explicaciones teóricas, sino en educar por la acción.
También hay una dimensión muy bonita en el personaje de Kim. En Escultismo para muchachos, al hablar de la fraternidad scout, se recuerda que a Kim se le llamaba “el pequeño amigo de todo el mundo”, expresión que Baden-Powell presenta como un título que todo scout debería aspirar a conquistar. No se trata sólo de ser listo o hábil, sino de poner esas capacidades al servicio de los demás
Esta entrada corresponde al 20º correo de Escultismo X Email enviado el 7 de mayo de 2026
