Saltándonos la rutina

Un 3 de noviembre de 2017 recibimos una cadena no tan habitual, ella decía que íbamos a asistir a una actividad secreta que dos de nuestros alocados miembros habían pensado, nadie sabía nada, ni de que trataba, ni el lugar de realización, nada. Solo sabíamos que iba a durar cuatro horas en total y que nuestra indumentaria debería ser lo más cómoda posible.

Al día siguiente nos presentamos todos a la hora descrita para empezar la actividad, eso algunos, hubo que esperar un rato a los más retardados. Comenzamos nuestro camino hacia un lugar desconocido, que poco a poco se iba desvelando el destino final donde en primer lugar la A6 nos desvelaba que el destino se encontraba entre Madrid y Finisterra, aunque el viaje duro poco en comparación con este destino, siendo nuestra última parada el Heron City de las Rozas.

Una vez desperezados entramos a un sitio de ensueño, una gran plataforma llena de camas elásticas en suelos y paredes, un lugar al que al entrar te hacía sentir como un niño pequeño cuyo mayor objetivo era disfrutar. Tras coger los atuendos necesarios entramos, la alegría nos corría por las venas a todos, empezamos a saltar dispersos entre las colchonetas, cada vez más alto, cada vez con más alegría, cada vez con más fuerza e ilusión, y por supuesto cada vez con más cansancio, aunque eso no nos paró. Una vez calentamos empezó el nivel avanzado, mientras unos daban piruetas estrepitosas otros corrían entre las colchonetas en busca de la más grande, todo mientras captábamos estos momentos para no olvidarlos nunca de la alegría constante que nos daba la libertad de saltar. Al cabo de unos minutos nos movimos a una zona más alejada y emocionante, donde podías disfrutar de una colchoneta nivel profesional donde sentías volar con cada salto, y cuanto más alto querías saltar más alto saltabas, hasta que tus piernas fallaban y se truncaban tus ambiciones aeroespaciales. En otra zona anexa te encontrabas con unas camas elásticas parecidas pero cuya finalidad era catapultarte entre piruetas, o si te faltaba esa destreza con unos movimientos epilépticos aleatorios, sobre una gran piscina de goma espuma que amortiguaba tu caída, y en ese momento empezaba el infierno, salir de esa piscina era físicamente imposible, un obstáculo solo digno de nadadores profesionales, te obligaba a ejercitar músculos desconocidos por el ser humano solo para descubrir que habías avanzado solo unos centímetros, eso sí, una vez salías solo deseabas volver a realizar ese salto de fe tan patético en ocasiones. Nuestros cuerpos se olvidaron que era el cansancio y volvimos a las colchonetas, tratando de superar nuestros mejores movimientos hasta el momento. No había nada ni nadie por encima de nosotros, te sentías invencible en un mundo de muelles, mallas y acolchados, un Clan de 15 “adultos” se lo pasaban como los niños que teníamos reprimidos en una esquinita de nuestro ser.

Una voz nos devolvió a la realidad, “Vuestro tiempo ha finalizado”, así que nos tocó desarmarnos de los calcetines antideslizantes y cansados y sudados emprendimos el viaje de vuelta. Nos quedará siempre en la mente el recuerdo de aquella maravillosa tarde, la diversión infinita junto a nuestros compañeros del Clan Aldarion, y que nunca hay que dejar que el niño en nuestro interior muera, ya que una parte importante de nosotros moriría con él.

 

Estoy ya llegando a casa mientras termino estas líneas, no he querido perder ni un minuto para plasmar esta experiencia, que aunque simple, me ha hecho sentir muy libre por unos minutos.

Un saludo de mano izquierda

Un clanero cualquiera

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